Darme cuenta de que conservo la mente ágil y no estoy anquilosada ha sido como meterme un chute de optimismo. Desde entonces estoy contenta, feliz, animada... El hecho ha ocurrido esta tarde, paseando por la orilla del mar. De repente se me ha ocurrido averiguar donde tengo yo la línea del horizonte, y me he puesto a ello. Os advierto de que me estaba refiriendo al horizonte físico (el mental ya sé que lo tengo en el infinito); a ese lugar donde vemos juntarse el cielo con la tierra. Al principio no caía, pero al cabo de un rato visualicé el triangulo rectángulo que formábamos el radio de la Tierra, la distancia que buscaba, y el radio y yo, y entonces todo fue aplicar el Teorema de Pitágoras.
Lo que os digo, dar con la solución de este problema ha sido milagroso; me ha hasta rejuvenecido.

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