En cuanto leyó mi último escrito,
la sabia Cipriana, dejando un rato de pontificar, vino a casa y me enmendó la
plana. Según dijo, en dicho escrito yo había cometido una falta garrafal,
propia de zotes: había puesto “simpar” en lugar de “sin par”. Una, que es como
es (insegura y dubitativa), enseguida pensó que Cipriana estaba en lo cierto y
se abochornó; pero hete aquí que a esa una se le ocurrió consultar el
diccionario antes de que la bienintencionada amiga se fuera a su casa, y
descubrió que se admiten las dos grafías.
miércoles, 23 de julio de 2014
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