Mi conexión con la gimnasia viene
de antiguo. Exactamente de cuando era adolescente. En esa época lo pasé muy
mal, y si no hubiera sido por lo que me fortalecía practicarla…
Al principio los ejercicios eran
sencillos y de corta duración. Después, poco a poco, fui soltándome. Como mi
pompis no paraba de crecer y tenía tendencia a desparramarse, hice con ahínco
un ejercicio que consistía en ponerse de rodillas e ir sentándose alternativamente
a un lado y a otro. También los hice a propósito para afinar la cintura; y para
andar erguida. Con estos últimos creo que me pasé de rosca, porque ahora hay
quien dice que voy más derecha que un sable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario