Cuando eres serio, circunspecto y aburrido, la gente de la clase, salvo para los quehaceres que atañen al estudio (trabajos conjuntos, resolución de problemas, etc.), pasa de ti.
En los jolgorios te encuentras desplazado e incómodo, hasta que un día descubres que tomándote un par de cervezas te vuelves desinhibido y ocurrente. Tus amigos celebran el cambio: ¡Eres cojonudo!, te dicen. Y tú, por primera vez, te sientes integrado. A partir de ese día consideras que el alcohol te es indispensable para triunfar. Enseguida, las dos cervezas son insuficientes para ponerte a tono con el ambiente, por lo cual hay que aumentar la dosis. Tomas cócteles que te saben a gloria: participas en concursos para dirimir quién es el mas macho en razón del número de lingotazos y chupitos que aguanta sin desplomarse; y bebes, y bebes.Al final, de soso pero apañado pasas a ser un guiñapo sin salud y sin libertad.
domingo, 7 de diciembre de 2008
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