lunes, 15 de diciembre de 2008
El Espíritu Navideño
En su afán por inculcarnos “el espíritu navideño” consistente en llenarnos de ansia de comprar y comprar, el capital, un mes antes de que el almanaque nos diga que estamos en Navidad, ha convertido nuestras urbes en un remedo de la ciudad de Las Vegas. A la manera en que las tragaperras crean adicción a los jugadores, la ornamentación, las luces centelleantes de los comercios y la música machacona de los villancicos produce en nosotros un deseo irrefrenable de consumir. El alumbrado de las calles, papanoeles repartiendo caramelos y carteros reales estratégicamente situados en las inmediaciones de los centros comerciales, amén de la lluvia de anuncios publicitarios emitidos por la televisión, ayudan a conseguir el propósito de esquilmarnos.Como estas fiestas son funestas para nuestra salud (comemos, fumamos y bebemos en demasía) y para nuestra economía, ¿no podrían los poderes públicos limitar este desmán, y poner en marcha una campaña antinavideña que junto con la antitabaco, la antialcohólica y la antiobesidad, tanto bien nos haría?
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