sábado, 7 de mayo de 2016

Camino a la excentricidad


El otro día una amiga me pidió que la acompañara a comprarse un vestido. El plan no me sedujo, pero como la amistad obliga, accedí. Fuimos a un centro comercial cercano a Barcelona; y allí, en una tienda de ropa de marca (rebajada), me prendé de un vestido. Lo distinguí entre todos los demás por sus rayas azules y negras y por su corte extremado; y como ahora me priva lo extravagante, me quedé con él.
Mientras pienso en darme mechas azules en el pelo y en comprarme unas sandalias rojas, me pregunto a que se deberá mi necesidad actual de llamar la atención (yo siempre he sido muy discreta). Quizá se me está oxidando algún cable, pero probablemente lo hago para hacerme visible ahora que nadie me ve.

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