El tiempo en que tuvimos que ver
estuvo lleno de canciones de Chavela Vargas; de confidencias y de quereres; de
tabaco negro y Coca-Cola; de mi anhelo por escapar de un ambiente familiar que
me asfixiaba; de clases y prácticas; de mi vehemencia y tu templanza; de viajes
en tu Seat 600; de tardes de comunión perfecta en la playa de Castelldefels…
Cuando acabamos la carrera, me
pediste que nos casáramos y que me fuera contigo al país sudamericano de donde
eras oriundo, pero yo me negué. Entonces el matrimonio me parecía una
institución convencional y alienante, y mi ansia de libertad me empujaba a no
ceñirme a nada ni a nadie.
Perdimos
el contacto, y ahora, después de cuarenta años, he sabido de ti. Ha sido hace
un rato, rastreando Internet. He descubierto que te has muerto y, por cuanto me
llevabas en la memoria, yo también me he muerto un poco. He sentido que por más
que te necesitara ya no podría tenerte; y también he pensado en lo distinta que
hubiera sido mi vida de haber aceptado tu proposición.

No hay comentarios:
Publicar un comentario