jueves, 2 de octubre de 2014

El tiempo en que tuvimos que ver


El tiempo en que tuvimos que ver estuvo lleno de canciones de Chavela Vargas; de confidencias y de quereres; de tabaco negro y Coca-Cola; de mi anhelo por escapar de un ambiente familiar que me asfixiaba; de clases y prácticas; de mi vehemencia y tu templanza; de viajes en tu Seat 600; de tardes de comunión perfecta en la playa de Castelldefels…
Cuando acabamos la carrera, me pediste que nos casáramos y que me fuera contigo al país sudamericano de donde eras oriundo, pero yo me negué. Entonces el matrimonio me parecía una institución convencional y alienante, y mi ansia de libertad me empujaba a no ceñirme a nada ni a nadie.
Perdimos el contacto, y ahora, después de cuarenta años, he sabido de ti. Ha sido hace un rato, rastreando Internet. He descubierto que te has muerto y, por cuanto me llevabas en la memoria, yo también me he muerto un poco. He sentido que por más que te necesitara ya no podría tenerte; y también he pensado en lo distinta que hubiera sido mi vida de haber aceptado tu proposición.

No hay comentarios: