Una tarde, Maribel y Conchita quedaron
en la casa de la segunda para prepararse un examen. Cuando Maribel llegó,
encontró a Conchita con un camisón transparente, largo hasta los pies y lleno
de encaje. Semejante atavío no indiciaba que Conchita hubiera estado durmiendo
la siesta porque lo complementaba con unos zapatos de tacón de aguja y
maquillaje a tutiplén. Un look tan poco apropiado para la ocasión sumió a
Maribel en la perplejidad más absoluta; pero aparentando naturalidad (y con
algo de recelo) se sentó enfrente de su amiga dispuesta a iniciar el estudio.
domingo, 15 de junio de 2014
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