lunes, 2 de junio de 2014

Darse el lote


Durante seis años, Conchita y Maribel fueron las mejores amigas. Sin matarse a estudiar, prosiguieron sus carreras, y en el tiempo libre se hartaron de reír, de ligar y de hacer cosas propias de su edad y condición.


Alguna vez, la actuación de Conchita desconcertó a su amiga. Es lo que ocurrió, por ejemplo, cuando, hecha un basilisco, le recriminó que se hubiera estado dando el lote con un estudiante del último curso mientras bailaba con él en una fiesta. Teniendo en cuenta que Conchita en materia de filetes era un as y que recomendaba su práctica, ese rapapolvo (impropio de ella) la hacía aparecer como cínica e incongruente. Lo único que cabe suponer es que la comía la envidia (el muchacho era mayor y estaba como un tren), los celos, o ambas cosas a la vez. 

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