Durante seis años, Conchita y
Maribel fueron las mejores amigas. Sin matarse a estudiar, prosiguieron sus
carreras, y en el tiempo libre se hartaron de reír, de ligar y de hacer cosas
propias de su edad y condición.
Alguna vez, la actuación de
Conchita desconcertó a su amiga. Es lo que ocurrió, por ejemplo, cuando, hecha
un basilisco, le recriminó que se hubiera estado dando el lote con un
estudiante del último curso mientras bailaba con él en una fiesta. Teniendo en
cuenta que Conchita en materia de filetes era un as y que recomendaba su
práctica, ese rapapolvo (impropio de ella) la hacía aparecer como cínica e
incongruente. Lo único que cabe suponer es que la comía la envidia (el muchacho
era mayor y estaba como un tren), los celos, o ambas cosas a la vez.

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