En una ocasión, Conchita intentó
ligar con el hermano de Maribel. Fue un domingo de primavera en la casa que los
padres de ésta tenían en la playa. Conchita salió al jardín y se encontró al
joven amodorrado en una tumbona. Embriagada con el calor del sol y el olor de
los narcisos, se acercó a él, y al ver su cuerpo serrano tan de cerca, la
libido se le disparó. Saberlo poco ducho en las artes amatorias la excitaba
todavía más… estaba al borde del clímax.
Cuando el pipiolo abrió los ojos
y vio a la bella con el vestido de entretiempo abierto de arriba abajo y sus
encantos apenas cubiertos con un sucinto biquini, le entró un acoquinamiento
tremendo. Novato al fin y al cabo, no sabía qué hacer para salir del apuro; pero en eso llegó su hermana y se acabó el enredo.

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