miércoles, 21 de marzo de 2018

Un cóctel de aguacate y salmón


El sábado fui a comer a casa del matrimonio Arnolfini. Ellos se llaman Arnaldo y Fina; pero yo, bromeando, uno sus nombres y les digo como la célebre pareja retratada por Jan van Eyck.
La casa de mis amigos es muy acogedora; aunque lo que verdaderamente hace que sea un placer estar con ellos es el talento que gastan en sus relaciones sociales. En su compañía, uno se siente cómodo y siempre da lo mejor de sí mismo.
Me recibieron en la terraza con un aperitivo que quizá fuera más correcto definir como entrantes. Fueron unos vinos acompañados de pulpo a la gallega y almendras saladas. Y lo mejor, la conversación: platicamos sobre la ceremonia y el rito; y, de un modo concreto, de la belleza de una boda religiosa a la que todos habíamos asistido.
Luego entramos al comedor e ingerimos unos cócteles de aguacate y salmón; y, de segundo, pato a la naranja. El postre consistió en un hojaldre con moras y zarzamoras aderezado con un  agradabilísimo parlamento sobre las lenguas romances ( castellano, catalán, francés...).
¡Qué bien me lo pasé!

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