domingo, 12 de marzo de 2017

Proposiciones deshonestas


Por los años de 1970, yendo hacia Madrid con una amiga, tuve una experiencia que me dejó pasmada.
Ocurrió que, en determinada estación, una mujer subió al tren y entró en nuestro compartimento. Era delgada, vestía pantalones y llevaba un corte de pelo a lo garçon. Ocupó su asiento y se comió dos cruasanes en un santiamén; y en algún momento de este proceso, yo me apercibí de que esta viajera quería ligar conmigo.
Comencé a sentirme incomoda y, discretamente, comuniqué a mi amiga mis sospechas; pero como ella no captaba esos efluvios de atracción sexual, no le pareció que aquello fuera real y lo achacó todo a mi imaginación.
Poco después, cuando mi compañera de viaje desapareció para ir al servicio, la viajera   misteriosa me mostró una revista con fotografías de mujeres en actitud inequívoca y me preguntó si me interesaba. Apresuradamente y con aturullamiento le contesté que no; y en eso llegó mi amiga.
Dado que hasta entonces nadie me había hecho proposiciones de una manera tan explícita, aquel suceso lo viví como algo extraordinario; e incluso hoy me cuesta recordarlo sin asombro.

No hay comentarios: