sábado, 18 de febrero de 2017

Una mujer ejemplar


A mí, lo que de verdad me acogota y me oprime son las convenciones. Me preocupa lo que la gente piense y tengo miedo de perder mi estatus.
Me crié asistiendo a misa los domingos y las fiestas de guardar; pero también crecí leyendo a García Lorca, Graham Greene, Nabokov, Fitzgerald, Oscar Wilde, Tennessee Williams, Françoise Sagan...
Gracias a mis padres y a la carrera elegida, recibí una gran formación humanística; y en aquellos años de oscurantismo, logré que mi espíritu se sintiera libre y se expresara sin cortapisas.
Pero hete aquí que un día me topé con el sentido común, y éste acabó conmigo. La censura que otros habían ejercido sobre mí se transmutó en autocensura; y a ésta no la pude esquivar.
A partir de entonces, me guardé de exponer ideas controvertidas o que pudieran provocar escándalo; y poco a poco me fui convirtiendo en un ser “anodino” y “ejemplar”.
Ahora, cuando escribo, antes de plasmar en el papel mis ocurrencias, las matizo y/o modifico para no significarme. Sería horrible convertirme en maldita.
A veces, me gustaría transformarme en un ente sin circunstancias. Otras, pienso en utilizar seudónimo, pero esto último es enteramente imposible: soy demasiado vanidosa para ocultar mi identidad.

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