domingo, 26 de febrero de 2017

La herencia


Conozco a unas personas que han recibido una pequeña herencia y están dándose caprichos sin parar. En su entorno las critican y conjeturan sobre el tiempo que van a tardar en dilapidar lo recibido; pero yo les aplaudo porque creo que están haciendo lo mejor.
En su vida ordinaria estas personas son como unas plantas en un secarral: no se mueren, pero tampoco pueden crecer. Gastan su tiempo y sus energías en un trabajo embrutecedor; y el salario que reciben es tan exiguo, y sus obligaciones tan numerosas, que nunca han podido cultivarse ni disfrutar de lo superfluo.
La herencia no les va a sacar de la pobreza; ni les va a permitir ejercitarse en las artes o en las ciencias; ni podrán llevar el pensamiento de lo inmediato y concreto a lo abstracto y universal; ni van a tener más oportunidades de contemplar la belleza... Pero, satisfacer alguno de sus antojos sí lo pueden lograr; y me parece una mezquindad vituperarlos por eso. 

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