Cuando Julia se casó, selló su corazón a otros quereres y lo mantuvo hermético durante años. Pero hete aquí que un día, cruzó la mirada con un otoñal de muy buen ver y quedó prendada.
El hecho ocurrió en una clase de cinema; y en los días sucesivos, mientras el profesor hablaba de planos medios y primeros planos, nuestra protagonista y el galán se entregaron con ahínco al coqueteo.
Julia se sentía cual una veinteañera rediviva; y por primera vez en años, volvió a experimentar el ardor.
Pero como era una mujer de fuertes convicciones y muy disciplinada, enseguida recuperó la sensatez y el asunto no pasó de un simple tonteo.
Muy en su papel de perfecta casada, nuestra amiga acudió a confesarse; y luego, se dio de baja en las clases de cinema.

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