viernes, 13 de noviembre de 2015

Fané y descangayá


Sabina entra en mi casa rezumando impaciencia y aceleración; está histérica perdida... Le cedo mi sillón orejero, y después de echar el espaldar para atrás y los pies hacia arriba, la invito a que se explaye. Hablando atropelladamente me dice que, después de una temporada sin que pasase nada extraordinario en su vida, ahora los contratiempos se le acumulan; que no da abasto; que no consigue relajarse.
Me cuenta que para completar sus desventuras, el otro día tropezó con un desnivel y se pegó un trompazo tremendo que la dejó descangayá; que se podía haber roto algo; y que qué se yo... 
A fin de calmarla, y como el día es espléndido, le propongo subir a Montjuïc a contemplar Barcelona. Tomamos el pendingue y allí que nos plantamos las dos... Cuando estamos absortas ante una ciudad tan preciosa, un cantor con una guitarra se aproxima y nos deleita con canciones de Serrat. Su catalán es macarrónico, pero logra emocionarnos porque canta muy bien y porque en este idioma es como aprendimos estas canciones y como se nos grabaron en el corazón.

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