martes, 2 de diciembre de 2014

La mala educación


A estas alturas de mi vida, lo que menos aguanto es la mala educación. El otro día, por ejemplo, en una cola, tuve que reconvenir a una mujer que me tosió en la cara; para más inri , yo en ese momento estaba hablando y tenía la boca abierta.
Y hace un rato, volviendo del paseo, si no me aparto y le cedo el paso a un "caballero" con el que me he cruzado, me embiste.

Y no es que yo crea en esa galantería que obliga a un operario que vuelve a su casa molido de trabajar a ceder el asiento del autobús a una señora mayor que luce como una rosa; pero la indiferencia con que hoy se mira al prójimo y lo poco que se le respeta me subleva.


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