sábado, 9 de febrero de 2013

El anhelo de Adelina: Primera parte



Uno de los mejores momentos de la vida de Adelina fue cuando Fuensanta, una chica mayor que ella y muy popular, la abordó en la calle para invitarla a un guateque que se iba a celebrar el sábado por la tarde en su club. Emocionada hasta más no poder, Adelina fue a visitar a su abuela y le contó lo sucedido. También le dijo que siempre había admirado a Fuensanta y que se moría de ganas de entrar en su pandilla. A la abuela, el deslumbramiento que observó en su nieta le preocupó sobremanera. Con su dulzura habitual, advirtió a ésta de que, si no se andaba con tiento, podía perder a sus amigos de toda la vida; ésos con los que se compenetraba tanto y con los que lo pasaba tan bien.  Le aconsejó que hablara con Fuensanta, y que le preguntara si su pandilla también estaba invitada a la fiesta; y si no era así, que diera las gracias, pusiera una excusa y no asistiera.
Aquellas palabras abatieron a Adelina, y de resultas, se le cayeron los mofletes y se le puso la cara larga. 

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