domingo, 21 de octubre de 2012

Segunda carta: Las tres joyas

Querida amiga: Este año las vacaciones las estoy pasando en el pueblo, en la casa de mi abuela. Me he echado tres amigas que se llaman Catalina, Isabel y Consuelo. Me ajunto con ellas porque son muy simpáticas y divertidas. Su padre es el boticario del pueblo, y viven en una casa muy grande. Catalina, la hermana mayor, recorre la casa todas las noches buscando fantasmas, y ha oído los toques de San Pascual Bailón anunciándole su próxima muerte. Isabel, la de en medio, también se levanta por las noches, pero ella lo hace para registrar la biblioteca. En los estantes de arriba ha descubierto unos libros que pertenecieron a su abuelo, que era médico, que la tienen fascinada; sobre todo uno que se titula “Desviaciones sexuales”. Me ha prometido que en cuanto sus padres se vayan de viaje me lo enseñará. La pequeña, Consuelito, tiene un carácter terrorífico; cuando se enfada, parece que esté endemoniada. Es aficionada a hacer mejunjes, y si te ofrece uno y no te lo tomas, coge el botijo y, soplando por la boca, te cala con el agua que sale por el pitorro. A las tres les chifla el jarabe Calcio 20 y las pastillas Juanola; andar por encima de la tapia que cerca el patio y descolgarse por las paredes; engañar a los forasteros haciéndoles creer que las cagarrutas que les presentan en un plato para que cojan son exquisitas olivas; y darse al oscurecer una vuelta por el cementerio. Les fascina Joselito y el embrujo de sus ojos, y por eso disfrutan tanto siempre que en el cine echan una película suya. Quizá la gente piense que mis amigas son un poco raras, pero a mí me gustan y me lo paso bomba con ellas.

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