domingo, 7 de febrero de 2016

Antonio y su extraño encuentro con una mujer cimbreña


En un rincón de la memoria, Antonio guarda este singular encuentro. Sucedió cuando él tenía treinta y tantos años; en una vía de Alicante. La mujer iba caminando delante, y a la luz del atardecer, Antonio quedó prendado de su cimbreo. Cuando enseguida se enardeció, intentó adelantarla porque necesitó ver su rostro; pero la mujer, dando un paso al lado se lo impidió. A partir de ese momento sus cuerpos quedaron unidos, y así anduvieron un buen trecho. En este baile extraordinario donde se dijeron todo y no se dijeron nada, ella marcó la pauta y él se dejó guiar. Cuando él ladeó la cabeza para siquiera entrever su cara, una ráfaga de viento alborotó el pelo de ella malogrando su intención. Y al llegar a La Explanada, él, alucinado y muerto de amor, intentó retenerla; pero la mujer cimbreña se escabulló. 

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