domingo, 1 de febrero de 2015

Escarceos eróticos de Ana


En nuestra juventud, el honor de las familias parecía residir en la entrepierna de la mujer. No éramos dueñas de nuestro propio cuerpo, y se nos sometía a una presión insoportable a fin de que mantuviéramos la virginidad. A la que había tenido novio se la consideraba “material de segunda”, y a la madre soltera se la proscribía.

En este contexto, Ana, pudorosa e intelectualmente progresista, tuvo unos escarceos eróticos con su profesor de autoescuela. Ana tenía dieciocho años y estaba en la Universidad; y el profesor treinta y cuatro y estaba casado. Haber, haber, hubo poco: la cosa no pasó de un simple tonteo. Pero el tótum revolútum que formaban el ser primeriza, las hormonas en erupción, el estar contraviniendo las normas de una sociedad que la oprimía, y la sensación de peligro le hicieron experimentar a nuestra amiga impresiones sin par.

No hay comentarios: