viernes, 21 de noviembre de 2014

De La Mancha a Barcelona


Aunque mi vida ha transcurrido en Barcelona, yo nací y me crié en un pueblo de La Mancha. Cuando me vine para acá, me traje grabados en la cabeza y en el corazón mi niñez y mi pueblo; y como la adaptación fue dura, esos recuerdos los sublimé.
Por diversos motivos, no pude volver hasta la madurez; y para entonces, el pueblo y la niñez habían desaparecido. Cuando llegué, todo me fue ajeno. Las casas, antaño sencillas y enjalbegadas, ahora eran suntuosas y con arabescos; y el hijo del carpintero, que vestía pantalón corto e iba a las escuela cuando yo vivía allí, se había transformado en un provecto señor que regentaba una tienda y que lucía americanas de pata de gallo en las procesiones.
Donde sí vi caras conocidas fue en el cementerio. Allí, desde sus fotografías en las lápidas, fulano, mengano, zutano y perengano parecían mirarme igualicos que cuando los dejé.

Este escrito está dedicado a la gente de mi pueblo, gente maravillosa que me trata muy bien.

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