sábado, 1 de diciembre de 2012

Ciudad, 2012



De joven, aunque los colores que más me favorecían eran el negro y el blanco, casi todo lo que me ponía me sentaba bien. Sin ser un monumento, con mi cuerpo firme y mi piel lustrosa no necesitaba acicalarme mucho para aparecer hermosa. En cuanto a mi carácter, yo era vital, generosa, osada y original. Sentía inquietud y curiosidad por todo, y, como siempre me pregunté de dónde veníamos y adónde íbamos, me aficioné a los libros de filosofía y teología. Me gustaba el baile agarrado y era una fan de la Nova Cançó. Mi indumentaria favorita era una túnica negra llena de lentejuelas y un turbante a juego que me había traído un familiar de un país exótico, y de vez en cuando llevaba peinado afro o jipi. Andaba mucho para gastar energía, y por lo que respecta a mi osadía, ésta llegó al límite el día que corregí a un cura en pleno sermón.
Ahora, a unos cuantos meses de cumplir sesenta años, estoy aterrorizada. Mis músculos están flácidos y mi piel arrugada. Tengo el pelo cano, me clarea por la coronilla, y cuando hace frío me duelen todos los huesos. Encontrar ropa que me siente bien es un milagro, y el color negro ya no me va, sino que me envejece. Mi estado de ánimo puede pasar de la alegría al abatimiento en un santiamén; es lo que me ha sucedido esta mañana cuando iba toda contenta porque me había visto guapa en el espejo, y al llegar al metro, un viajero me ha cedido su asiento. Evito quedarme sola porque dos o tres veces, estando en esta situación, me ha dado una cosa muy rara que no sé si es una simple desazón o el comienzo de un ataque de pánico. A lo largo de mi vida, he ido adquiriendo sabiduría y sentido común, y he perdido vigor, brillantez y frescura. De aquellos tiempos aún conservo la curiosidad, el gusto por la música y la lectura y la costumbre de andar. Soy consciente de que el tiempo que me queda por vivir es limitado, y creo que la imagen que mejor puede representar esta idea es la de la habitación vacía cuyas paredes se van acercando conforme pasan los días.



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