sábado, 10 de noviembre de 2012
Quinta carta: Material averiado
Querido diario:
En mi juventud tuve un novio de aquí del pueblo llamado Pepe. No llegamos a casarnos porque, al cabo de nueve años de relación, él se prendó de una forastera y me dejó. Años después, Pepe murió totalmente carbonizado en un accidente horrible, pero esa es otra cuestión. El término del noviazgo me traumatizó muchísimo porque, aparte de mis sentimientos hacia él, estaba el hecho de que mi proyecto vital se reducía a casarme y tener hijos. Dejar de tener a mi ex en la cabeza viviendo en el pueblo era prácticamente imposible, y rehacer mi vida también. Lo primero porque lo veía casi cada día montado a caballo o con su nueva novia (mi corazón se derretía o se moría de dolor); y lo segundo porque aquí, a las mujeres que habían tenido novio, se las consideraba “material averiado”, y era muy difícil que algún hombre desafiara a la opinión pública enamorándose de ellas y pretendiéndolas. Cuando sucedía tal cosa, la hombría de esta persona se confundía con debilidad, y su proceder no suscitaba admiración, sino desprecio. En aquellos tiempos la gente tenía muchos prejuicios, y la presión social era insoportable. Durante un tiempo sopesé la idea de irme a la capital y ponerme a trabajar, pero no me decidí porque lo único que sabía hacer eran las faenas de la casa y bordar; y eso, lejos de mi familia, sólo me aprovechaba para ponerme a servir. También me quedé porque albergaba la esperanza de que mi ex se cansara de la otra y volviera conmigo, cosa que no sucedió.
Los años han ido pasando y yo ya soy mayor. Me quedé para vestir santos y en todo el contorno me reconocen por mi característica permanente y por mi olor a flores (en el patio tengo un lilo). Combato la soledad, la vacuidad y la monotonía de mi vida con copitas de anisete, la radio y “Agua del Carmen”, y de vez en cuando pienso en lo que pudo haber sido y no fue. En cuanto a la mentalidad de la gente del pueblo, no ha cambiado en todos estos años; siguen teniendo la línea del horizonte (física y metal) en la pared de enfrente de su casa.
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